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jueves, 14 de mayo de 2015

Gógol y Woody Allen y Thomas Bernhard (y Kafka).

Gógol..., ese gran escritor, ¡un genio! El autor de Historias de San Petersburgo, de las Veladas de Dikanka... ¡El creador de Almas muertas! Pero... ¿qué tiene que ver Gógol con Woody Allen y Thomas Bernhard?

Veía hace unos días Misterioso asesinato en Manhattan, una de las películas preferidas de Allen. Hay una escena genial en la que Keaton y Allen reflexionan sobre la aparición de la difunta señora House en un autobús de línea. Especulan sobre la posibilidad de que ella tenga una hermana gemela, de que el señor House -el sospechoso- tenga un hermano gemelo, ¡de que ellos mismos, Allen y Keaton, tengan unos gemelos!
Woody: Menudo día. No puedo entenderlo. Resulta que él tiene ... o ella tiene una gemela o él un gemelo...
Diane: ¿Qué?
Woody: O  tienen personalidades múltiples... o tú tienes una gemela o yo un gemelo.


En Almas muertas (1842) hay un episodio que discurre con el mismo tipo de humor surrealista y del que Allen podía haber tomado nota para su chiste. En la novela de Gógol los funcionarios discuten sobre las medidas que deberían adoptar en relación a Chíchikov: "si era una persona a la que había que detener y encarcelar por sospechoso o si era una persona que podía él mismo detenerles y encarcelarles a todos ellos por sospechosos".
Avanzando en Almas muertas me encuentro con un pasaje que me deja impresionado por su innovador y revolucionario concepto. En la presentación (ya en la segunda parte del libro) del terrateniente Tentétnikov se recogen testimonios de vecinos, artilugio narrativo que utilizará Woody Allen en su debut Coge el dinero y corre de Woody Allen cuando entrevistan a los padres del protagonista (con aquellas gafas y narices postizas) o en la misma Zelig y en la más reciente Si la cosa funciona, y que mucho antes ya empleara Orson Welles en el comienzo de Los Amberson (El cuarto mandamiento).

Vale, sí, Gógol y Allen pero ¿y Gógol y Bernhard? Un momento, en otro pasaje de Almas muertas, acerca de uno de los personajes con los que traba relación Chíchikov: "El jefe de Correos era más aficionado a la filosofía y leía con gran interés, hasta por la noche, Las noches de Young, y Clave de los misterios de la Naturaleza, de Eckartshausen, de cuyas obras tomaba unos largos apuntes, aunque nadie sabía de qué género de apuntes se trataba." Y qué, se preguntarán, ¿cómo que y qué? ¡Es esa figura!, la del estudioso virtuoso, la del analista improductivo, la que nos recuerda a los entrañables personajes bernhardianos que escriben durante años trabajos intelectuales, como el trabajo sobre el oído de Konrad en La calera, o el diseño del cono por parte de Roithamer en Corrección, o el trabajo sobre Mendelssöhn de Rudolf en Hormigón, o el de Koller sobre Fisionomía en Los comebarato, etc... Por otro lado, ese autor, Eckartshausen, al menos por el nombre, y por ser del siglo XVIII -y alquímico, esotérico...-, es típico de las lecturas de los personajes bernhardianos, tan aficionados a Stifter, Goethe (más a Las afinidades electivas que al Fausto) o Novalis (Enrique de Ofterdingen) o Pascal. No me dejan ustedes otra opción que buscar alguna información de este misterioso autor. Escribió La nube sobre el santuario y De las fuerzas mágicas de la Naturaleza (supongo que a ese libro se refiere el narrador de Almas muertas). Todo esto me recordó que el otro día en la biblioteca municipal me quedé hojeando el Amabile del Príncipe de Ligne, otro clásico del XVIII, que espero leer próximamente. También al comienzo de la segunda parte leemos el laborioso trabajo del vago terrateniente (¡que anuncia al Oblómov de Goncharov de 1859!) que debía "reunir Rusia entera" (¡al modo de los grandes proyectos bernhardianos inacabables!) y que finalmente se queda en un mordisquear la pluma y unos garabatos sobre el papel.

Y como no es posible escribir un artículo sin mencionar a Kafka aquí lo traigo. ¿No dirás que la editorial de Almas muertas tiene nombre kafkiano? Es extraordinario, qué agudeza, la editorial que ha publicado Almas muertas se llama como el protagonista de El proceso, "Joseph K. Editor" o "Josef K. Editor" -ellos mismos no lo tienen claro, en el interior es "Joseph k", en la portada es "Josef K"-. Me pica la curiosidad e investigo otros títulos de esta editorial: Una vida, de Svevo y El difunto Matías Pascal, de Pirandello, lo que me hace simpatizar aún más con ella.
Josef K, editor
Joseph k, editor

En una de las pestañas de la contraportada reza el inicio de El proceso: "Alguien debió haber calumniado a Josef K., puesto que, sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana".
Y no sólo eso... ¿Cómo? se preguntarán estupefactos los lectores. Sí, en efecto, en Almas muertas asistimos a alguna que otra escena de evidente tinte prekafkiano, como cuando Chíchikov solicita al coronel Koshkariov que le venda sus mujiks fallecidos y este le contesta en términos de numerosas estancias burocráticas y diferentes departamentos que hacen absolutamente inviable la consecución de la transacción ("sin trámites burocráticos es imposible hacer nada"); y ya casi al final, cuando Chíchikov está arrestado: "Acaso yo podría ayudar a arreglar las cosas por las buenas. Los funcionarios no lo lograrían, empezarían a escribir, y el asunto está tan embrollado con sus papeles que los papeles no les dejan ver las cosas tal como son", le dice Murázov a Chíchikov.
Y no lo van a creer pero estaba leyendo a la par que Gógol un misceláneo y ditirámbico -y, seamos sinceros, algo cursi- librito de Cees Nooteeboom titulado Cartas a Poseidón. En uno de los capítulos se menciona un relato de Kafka llamado Poseidón y que, sinceramente, no recuerdo. Nooteboom describe un poco el relato, un dios Poseidón atareado en labores administrativas no puede ocuparse en ver el mar (¡qué digna de Kafka es esta maravillosa escena!): "según Kafka, tú nunca viste el mar (...) Dado que tú resides permanentemente bajo las olas, no conoces el elemento sobre el que gobiernas. No sé qué pensar de eso. Así te ve Kafka, un dios fatigado bajo las profundidades del océano. Bajo un techo translúcido en movimiento. Inquieto. Un dios siempre ocupado con la revisión de las cuentas, gobernador de todos los mares. No puedes dejar la administración ni un instante, pues ellos no conocen a nadie más que pueda hacerse cargo de esta tarea. Kafka no  menciona quiénes son ellos, que para eso es Kafka". Y ese "que para eso es Kafka" es tan absolutamente genial, entrañable, elogioso y no sé qué más, que primero me hace sonreír, luego reír y por último emocionarme como un tonto.
Ya, pero seguro que no puedes establecer una conexión entre el libro de Nooteboom y Thomas Bernhard, pensará el lector a estas alturas. ¡Se equivoca! La dedicatoria del libro de Poseidón reza: "A Siegfried Unseld, a quien debo tantos cambios". Siegfried Unseld fue editor de Thomas Bernhard y la correspondencia entre ambos (unas quinientas cartas) fue publicada hace unos años.
Esta madrugada terminé de leer la inacabada Almas muertas. En una nota del editor K se puede leer: "Esta edición de Almas muertas se acabó de imprimir en Sevilla el día 14 de mayo de 2003, aniversario de la muerte de August Strindberg". Dirán que soy demasiado amigo de las coincidencias pero no puedo reprimir ojear el calendario y..., vaya, qué día es hoy...
Bueno, me voy.

jueves, 30 de mayo de 2013

El otro mal de Montano.

Busco la entrada de Enrique Vila-Matas sobre Magma de Lars Iyer. En vez de eso leo en la web del escritor catalán el manifiesto  Desnudo en la bañera, asomado al abismo, del propio Iyer. Por allí aparece, ¡sorpresa!, ¡Enrique Vila-Matas!: "El narrador de El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas, padece la “enfermedad de la literatura”, lo cual le hace experimentar el mundo únicamente a través de los libros que ha leído, escritos por los grandes autores de la historia de la literatura. Está condenado a entenderse a sí mismo y todo lo que le rodea a través de las vidas y obras de los autores que le obsesionan. Escribe El mal de Montano para encontrar una cura, para salir de la Literatura mediante la Literatura."
Después de uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ¡siete! párrafos dedicados a Montano, Iyer se lanza con Thomas Bernhard. Así que no paro de leer. (Me interesa todo lo que tenga que ver con Thomas Bernhard. En realidad sólo me interesa lo que tenga que ver con Bernhard, Kafka y Brod. En realidad siempre me he preguntado por qué Bernhard nunca se ocupó de Kafka, y por qué nunca se ocupó de Kafka y Brod, y por qué Bernhard, tampoco, se ocupó nunca de Dostoievski, y por qué, ni siquiera, se ocupó Bernhard de Poe).
"Volvamos ahora la mirada hacia Thomas Bernhard, otra víctima del mal de Montano. No hay nada que hacer, no hay salida, no se puede hacer nada excepto subrayar el hecho de que no hay nada que hacer, y de que no hay salida. La misma historia contada una y otra vez, el intento de encontrar tiempo y espacio para elaborar un compendio, una exhaustiva obra de recopilación dedicada a algún tema específico (la naturaleza del sentido auditivo; la música de Mendelssohn) que sirve de excusa para que el narrador haga que la sustancia del relato sean los insuperables problemas que plantea su escritura. (...) tema con variaciones. Son grandes bucles repetitivos que se estiran hasta alcanzar el punto de ruptura, propagándose después en una espiral huracanada de rabia y frustración. Sus libros giran como torbellinos, (...); aforismos del Viejo Mundo colisionan con estúpidas perversiones, grandes denuncias se repliegan, transformándose en distracciones banales. (...) Las frases de Bernhard, siempre a punto de desmoronarse, no pretenden únicamente representar la vida (la vida ordinaria y tediosa de los filósofos fracasados, los científicos fracasados, los músicos fracasados y los escritores fracasados que viven bajo regímenes corruptos) sino también las fuerzas que en ella se encierran.
El incesante movimiento hacia delante de su prosa pone de relieve la completa intolerancia al fracaso, a las componendas y al odio, hacia las presuntuosas poses de aquellos que no entienden sus propios fracasos y componendas. Al declararse la guerra a sí mismos, los frustrados narradores de Bernhard, permanentemente incapaces de encontrar un tiempo y espacio en el que por fin les resulte posible escribir como los maestros que tratan de imitar (trátese de Schopenhauer, Novalis, Kleist o Goethe) declaran la guerra a una cultura en la que la imitación de los maestros ha dejado de ser posible. (...) Bernhard lamenta, horrorizado, el suicidio de la Cultura, al tiempo que escupe bilis contra los “enemigos de lo literario” que aún quedan: los artistas, actores, escritores y compositores subvencionados por el estado que acuden a la insufrible cena que nos describe en Tala. Se ve envuelto en una neblina de odio hacia la vida no literaria, actitud que encarnan personajes  como la célebre y ajetreada hermana de Hormigón. En El malogrado, Bernhard incluso llega a postular que las únicas salidas posibles a una vida dedicada a la creación artística son el suicidio, la locura o el más abyecto fracaso.
Evidentemente, la ironía de Bernhard reside en el hecho de que, en tanto que sus narradores fracasan una y otra vez, incluso antes de empezar, el propio Bernhard encuentra una manera y una vía en que expresarse. Puede que sus músicos hayan renunciado a su arte y que sus críticos musicales sean incapaces de escribir una línea, pero Bernhard ha creado una música para sí mismo. Es, tal vez, una sinfonía grotesca, un vals ridículo, irrisorio, disparatado y oscuro, pero hay algo emocionante, podríamos decir incluso hermoso, en su canto abnegado. Una vez más, como en la obra de Vila-Matas, sólo al borde del abismo somos capaces de recordar qué es lo intocable."
Me digo, vaya, este tipo cree que lo ha clavado. Me encanta lo que ha escrito, me digo. Yo no lo hubiera explicado mejor, me digo -esto sobraba, pienso, ¡por supuesto que yo no puedo explicarlo mejor, pero nada! Luego me digo, cualquier intento de explicar a Bernhard está destinado al fracaso. Ese manifiesto es un fracaso, es la Decepción.
Busco de nuevo el artículo de Vila-Matas sobre Magma, se llama Brod insulta a Brod, y como últimamente cada vez que oigo los nombres de Brod o Kafka un resorte se acciona en mi cerebro y empiezo a echar chispas, enseguida me digo que tengo que sacar ese libro de la biblioteca pública -¡ya lo estoy leyendo! La reseña de Vila-Matas está en la web de El país -es decir, la reproducción fiel del artículo que saliera impreso en su día-, aunque sé que en el blog de Vila-Matas también debe estar porque Vila-Matas cuelga en su blog un montón de cosas que tienen que ver con él -todo lo que se ha publicado en el mundo acerca de sus "obras maestras"-, que él ha escrito para otras publicaciones o que otras publicaciones han escrito sobre él, o entrevistas que le hacen o traducciones de entrevistas que le hacen, digamos que es un ego-blog, un blog "para" Vila-Matas y no un blog "por" Vila-Matas, y también un pseudo-ego-blog, y digo pseudo porque las características más atractivas del blog -la espontaneidad, lo diario, lo improvisado, lo no publicado en medios habituales- desaparecen, y esto es común en los blogs de los escritores de renombre -sospecho que lo editan profesionales-, y entre los que quizás alguno como Andrés Neuman se libra de ese "otro mal de Montano" (un mal que podríamos definir como aquel que padecen algunas figuras literarias y que consiste en sufrir un desmedido interés por lo que tiene que ver con uno mismo y su obra). Ahí leemos un resumen acertado de la novela -un disparate, dicen que divertido-: "En Magma dos intelectuales de nuestro tiempo viajan por una Europa en la que la literatura se ha convertido ya sólo en un producto más del mercado, en algo que es visto como interesante, distinguido, valeroso, respetado, pero también como insignificante. Los dos personajes, Lars y W., beben y se tienen un inmenso afecto mutuo que se transmiten a base de insultos, arte que practican con ingenio, como si recordaran que Nietzsche decía que en nuestro mejor amigo deberíamos tener a nuestro mejor enemigo." 
El ingenio consiste en remedar a Bernhard -parodiarlo, anecdotizarlo, por otro lado, es curioso, me digo, que quien ridiculiza las exégesis de Brod, cuando no ¡ridiculiza a Brod directamente!, aspire a explicarnos a Bernhard en un manifiesto, y además ¡use los mismos giros que Bernhard en su denostación de Brod!, por qué es todo tan complejo, me digo, y ridículo...-, pero no es lugar para una crítica literaria -¡ese tipo me robó pensamientos de todos los colores!, es decir, el día en que comprendí que nunca sería Kafka...-, más tarde quizás.
Luego pienso si Vila-Matas habrá escrito esa reseña de Magma -casualmente, o no, publicada por una modesta editorial ubicada en mi ciudad natal, Pálido fuego, en calle Charlot, a pocos metros de la primera oficina en la que trabajé- en señal de agradecimiento porque Iyer lo incluyera en su manifiesto -otro disparate-, pero no tengo que pasar mucho tiempo pensando para convencerme de ello.

martes, 21 de mayo de 2013

Análisis (El proceso).

Sepultado entre cedés de Bartók encuentro un cuaderno de notas. En las primeras hojas hay una lista de películas. Se leen algunas de Wim Wenders (Llamando a las puertas del cielo, Tierra de abundancia), una de Woody Allen (Un final made in Hollywood), alguna rareza asiática (la sorprendente Invisible waves del tailandés Ratanaruang), y El proceso de Orson Welles, entre otras. Una lista de libros, algunos de pintura, de Tápies, Saura y Klimt, y otros como Viaje a Italia., La música del siglo XX, El enigma de la llegada, El sótano o La vida breve.
Después de las listas hay algunas citas de Soseki: "Simplemente, desde entonces, yo ya tenía esta manía de escudriñarlo todo y de no aceptar nada sin someterlo a un riguroso análisis."
Luego una serie de notas (más de medio cuaderno) sobre Sí, de Thomas Bernhard. Las anotaciones deben ser de finales de 2010, deduzco, fue en esa época cuando publiqué el comentario de esa novela en el blog. Leo alguna de ellas: "Es posible salvarse explicándose un momento decisivo y haciendo un análisis de todo lo que guarda relación con ese momento decisivo".
Confundo lo que son citas textuales con mis propios comentarios; "donde me encontraba no podía ya volver (fue demasiado lejos en su aislamiento)"; "durante meses ante mis escritos sin poder hacer lo más mínimo con ellos", pienso en mi investigación inacabable sobre las notas testamentarias de Kafka.
Precisamente esta tarde termino de leer la versión de Sáenz de El proceso de Kafka. En el penúltimo capítulo, En la catedral, está incluido el relato Ante la ley ("El hombre reflexiona y pregunta si, entonces, podrá entrar más tarde. Es posible, dice el guardián, pero no ahora" ), publicado de forma independiente por Kafka en 1915. Descubro con asombro cómo lo mejor del capítulo es el análisis que realiza el párroco de la leyenda, de posible tradición hebrea. La situación del guardián, el engaño urdido, la presunta libertad del hombre que espera. Me gustaría hacer un análisis del análisis del párroco (la discusión exegética, según Jordi Llovet en las notas a la edición de El proceso de Galaxia Gutenberg, de puro corte entre talmúdico y casuístico), me digo, analizar el análisis. Tras la lectura de esta parte el relato Ante la ley se me antoja ridículo, tramposo, caprichoso. Kafka no lo menciona en las seis narraciones del segundo testamento.
Pienso analizar aquel cuaderno de notas. Analizar aquellas listas. Analizarlo todo (¿analizar El proceso?). Ridículo, pienso.
Finalmente pienso muy seriamente en la posibilidad de terminar los fragmentos de El proceso que figuran al final de la edición mencionada. Destinar todos mis esfuerzos a tal fin. Y así, luego, analizarlos.

martes, 19 de marzo de 2013

Bibliofagia. Un trastorno.

Terminé de leer Trastorno, de Thomas Bernhard, otra vez. En una página de la segunda parte del libro, "El monólogo del príncipe”, el príncipe dice de su padre: “De sus libros en otro tiempo favoritos -El mundo como voluntad y representación, por ejemplo-, dijo el príncipe, que se había llevado de la biblioteca a su cuarto, faltaban las páginas más decisivas. Se las había comido. Schopenhauer ha sido siempre para mí el mejor alimento, había escrito su padre, unas horas antes de suicidarse“. Reflexioné y llegué a la fatal conclusión de que aún era pronto para Schopenhauer, ¿Schopenhauer? me decía, no puedo, imposible, aún no estoy preparado, me repetía varias veces, atormentado. Llevé entonces algunos de mis libros favoritos -ellos me colmaban de favores- de la biblioteca al cuarto, del cuarto a la biblioteca, así durante un rato. Trastornado -bien por la lectura de Tratorno, bien por los numerosos paseos de la biblioteca al cuarto y del cuarto a la biblioteca-, me comí esa página de Trastorno. Al principio apenas noté nada especial, acaso un destello de luz de insegura procedencia. Luego me lancé sobre Melancolía de Földenyi, aquello sabía bien. Sin más dilación, me dispuse a deglutir la primera página de El castillo -en la traducción de Miguel Sáenz, que había sacado esos días de la biblioteca-, ¡exquisito!, me dije. De repente sentí una gran fuerza interior -de cuyas posibilidades me sabía ignorante y temeroso. Me zampé diez páginas de El caminante, de Soseki. Esto es un verdadero alimento para el espíritu, me dije exultante tras semejante descubrimiento. Lejos de saciarme continué mi dieta bibliófaga, así devoré el capítulo dedicado a Gaddo Gaddi de Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, escritas por Giorgio Vasari, pintor aretino, para seguir el banquete -puede que ya irresponsablemente-, con todo Bernhard -¡era inevitable!-, y me cebé con El malogrado, Los comebarato y Corrección, de los que engullí varias hojas escogidas al azar –¡todas me parecían igualmente decisivas! Esa noche me acosté seguro de que al fin todo iba a cambiar, de que, a fuerza de digerir escrituras geniales, mi vida se convertiría en parte de un libro misterioso e inconexo del que ya nunca saldría, de que, definitivamente, dejaría atrás todo lo que de ridículo y grotesco tenía la existencia humana, e incluso fantaseé con la posibilidad de soñar a Evangeline Lilly. Al día siguiente fui al hospital. "Me duele la tripa, doctora", le dije infantilmente. "Empacho literario", diagnosticó con severidad. Me recetó Sunset Park, de Paul Auster y el primer tomo de 1Q84, de Murakami. Los síntomas desaparecieron en unos días, es cierto -esos libros no daban ganas de comérselos-, pero me sentía tan vacío… En cuanto termine el tratamiento, me dije, le hincaré el diente al Libro del desasosiego, de Pessoa, ¡y no dejaré ni las tapas!

viernes, 8 de marzo de 2013

Desesperación.

Llego a mi casa del trabajo. Percibo un indeterminado estado de desesperación. Me pregunto qué es exactamente la desesperación y cómo puedo superarla.
David Foster Wallace en "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer":
"La palabra se ha banalizado ahora por el exceso de uso, desesperar, pero es una palabra seria, y la estoy  usando en serio. Para mí denota una adición simple: un extraño deseo de muerte combinado con una sensación apabullante de mi propia pequeñez y futilidad que se presenta como miedo a la muerte. Tal vez se parezca a lo que la gente llama terror o angustia. Pero no acaba de ser como esas cosas. Se parece más querer morirse a fin de evitar la sensación insoportable de darse cuenta de que uno es pequeño, débil y egoísta y de que, sin ninguna duda posible, se va a morir. Es querer tirarse por la borda."
Según el diccionario de la RAE. Desesperar. 1. Desesperanzar.
Conversaciones con Trastorno, de Thomas Bernhard.
"El dejarse ofuscar por los sentimientos, el no hacer nada contra el oscurecimiento -normalmente continuo- del espíritu llevaba  a los hombres  la desesperación."
Cuando uno se instala en la desesperación no le apetece luchar contra el oscurecimiento, de hecho se refugia en el oscurecimiento.
"Donde la razón manda la desesperación es imposible."
El problema de la razón es que siempre quiere llevar la razón.
"Cuando caigo en ese estado de total incomprensión, todo es desesperación en mí."
Es difícil comprender que exista un estado de total incomprensión (la incomprensión de la incomprensión).
Onetti en La vida breve:
"...si amaba y merecía diariamente mi tristeza, con deseo, con hambre, rellenándome con ella los ojos y cada vocal que pronunciara, entonces, estaba seguro, quedaría a salvo de la rebeldía y la desesperanza".
Es peor el remedio que la enfermedad, me digo.
Epílogo.
Escribo esto y me digo, ¡ridículo, grotesco!, ¿por qué tuve que escribirlo? Luego me digo que hubiera sido igualmente ridículo no escribirlo, voy a reescribirlo, me digo, pero percibo una ridícula afonía, una afonía que no es metáfora, que es limitante, aunque es una afonía incierta, quizá propia de la inmadurez -o a lo mejor es que simplemente me estoy resfriando.

lunes, 4 de marzo de 2013

Anticita.

"Las citas me atacan los nervios. Sin embargo, estamos encerrados en un mundo que continuamente lo cita todo, en una cita continua que es el mundo, doctor". (Príncipe Saurau)
Trastorno (Verstörung, 1967). Trad. Miguel Sáenz.
Thomas Bernhard.

domingo, 5 de febrero de 2012

Helada, de Thomas Bernhard

Helada, la primera novela larga de Bernhard (1963). ¡Enfrentarme de nuevo a ella después de tantos años! ¿Sufriré una decepción? ¿Será una obra inmadura! ¡No! ¿Una obra de transición? ¡De ninguna manera! ¿Una obra maestra comparable a La montaña mágica? Bueno, no pocos han querido ver en Helada una especie de homenaje a la magna obra de Mann -quizás los diálogos entre Strauch y el narrador rememoran  los de Settembrini y Castorp-. Pero, ¿de qué trata? Es la historia de un estudiante de medicina que recibe el encargo del Ayudante del director del Hospital  donde hace prácticas estudios --el cirujano Strauch- para que vigile a su hermano, pintor -que ya no pinta-, enfermo -de a mente, quizás, sin diagnóstico-, y que se aloja en un mesón perdido en la localidad montañosa de Weng. Ya desde el principio consigue el acercamiento al pintor Strauch. Las disertaciones filosófico negativistas de éste conllevan gran parte del texto -el lector se ve inmerso en su particular mundo de soledad y misantropía-. La situación del protagonista es difícil. En realidad no conoce cuál puede ser la enfermedad del pintor Strauch -ni si debe acometer la empresa desde los términos científicos-. Así mismo debe pasar por un absoluto desconocido y evitar que Strauch lo relacione con su hermano médico. Para ello finge ser estudiante de Derecho. Este hecho se verá amenazado por la actuación del narrador frente a una hinchazón en el pie de Strauch, para el que le recomienda reposo y unos emplastos. El pintor Strauch hace tiempo que no pinta. Antes, cuando vivía en la ciudad, se encerraba durante días a oscuras en su habitación, en su taller particular, y cuando al cabo de un tiempo descorrí alas cortinas para ver el resultado de su esfuerzo descubría que todo había sido inútil, ¡un auténtico fracaso! Pero, por dios, ¿a quién se le ocurre pintar a oscuras? La galería de personajes es de lo más esperpéntica. Desde la mesonera -quien denunció a su marido por asesinato, un asesinato que saldrá también en la novela Trastorno-, hasta el ingeniero que construye una enorme central eléctrica cerca del pueblo, pasando por el desollador y enterrador o por el gendarme. Temas comunes en la obra posterior bernhardiana: obsesión por la lectura de los periódicos; Pascal; proceso de desintegración mental de uno de los personajes; desubicación familiar y geográfica de ese (y/u otro personaje);
El pintor Strauch lee constantemente a Blaise Pascal (el más grande), y lleva encima siempre un libro guardado en el bolsillo de la chaqueta, el cual saca en cualquier momento bien sea para leerlo bien no -puede estar un día entero pensando en una simple frase de Pascal-.
Ya leía Strauch a Pascal en su época de profesor: "Se sentaba siempre en un banco y se enfrascaba en su Pascal, y dejaba que los alumnos hicieran lo que quisieran" -recuerdo a cierto profesor de gimnasia -¡ha venido Pancho!- que casi nunca aparecía por el colegio pero cuando lo hacía, todos, vestidos con el chándal que no sabíamos si llegaríamos a utilizar, saltábamos de alegría, luego nos dejaba jugar a futbito y él se ponía a tomar el sol en las gradas-. El narrador sin embargo se ha llevado a su temporal retiro de Weng una novela de Henry James, una novela de la que desconocemos el título.
Algunas historias secundarias interpuestas en Helada:
- la de los ladrones de vacas: Strauch ha presenciado la escabechina -visto los cadáveres, la sangre en el río...- pero no da parte del asunto (p.318 "sin duda eran tres vacas y un ternero"; "Era sólo una suposición").;
- la de la campesina muerta en el incendio de su casa;
- la del asesinato de un cliente a manos del mesonero -ahora en prisión-.
Algunas historias paralelas a través de personajes secundarios (no el narrador, no el pintor Strauch):
- la relación entre el desollador y la patrona o mesonera;
- la relación epistolar entre la patrona y su marido en presidio;
- la historia del gendarme;
- la historia del talento organizativo del ingeniero; ...
Visión episódica del la vida del pintor Strauch:
- como maestro auxiliar (genial optimización del recurso bernhardiano en cuanto a hipótesis dramática grotesca);
- la relación con sus hermanos;
- la relación con su arte;
- su teoría de la carne de perro en los menús del mesón;
La visión interior del narrador en cuanto a su posición como psicoanalista improvisado:
- el delirio por el diagnóstico de Strauch (enfermedad de sucesión hereditaria interior o bien enfermedad de la descomposición; resonancias de la muerte (en su cerebro);
- las 6 cartas al ayudante Strauch;
- su método de trabajo.
Observamos a lo largo de la novela cómo el propio narrador se va impregnando de la particular teoría espiritualista (negación del ser humano) por parte de Strauch, transformación que derivará en las caóticas y desesperanzadoras cartas del final.
Avances filosóficos de Strauch.
Tenemos varias muestras del genio coloquial de Strauch, su filosofía nace a partir de la negación de la Filosofía, concentrando en su discurso una paradoja de hermosa caducación. Así observamos en Strauch:
- Cómo los conceptos propios se definen como reformulación de su hipotético equilibirio -inexistente-: "Trabajo con mis conceptos, que he arrancado a lo caótico, totalmente por mí mismo", p 91.
- Un siniestro desafío a la Filosofía desde el conservadurismo sofístico: "Con la Filosofía no se podía avanzar un paso "Nada es progresista, pero nada es menos progresista que la Filosofía. El progreso es un absurdo. Imposible."
- Desencuentros con: la verdad, la armonía de la verdad, la búsqueda de lo extraordinario, lo imaginado como falso; a partir de una desgraciada extravagancia.
El estilo aún no ha alcanzado el refinamiento del Bernhard de Corrección o La calera, por ejemplo, pero los temas -el pensamiento, el suicidio, el desarraigo, la misantropía, la soledad, el ensimismamiento, la locura, la ruralidad frente a la urbanidad, el falso academicismo, el aislamiento, etc...- ya son los característicos de la obra posterior de este austríaco inmortal. Se echan en falta, no obstante, dos de los sustantivos capitales en el Bernhard de a partir de La calera que son: el trabajo intelectual, y la casa natal que aniquila.
En general ha sido un buen reencuentro con esta Helada, una lectura muy apropiada para disfrutar en estos días de frío siberiano que azota a la península.

sábado, 21 de enero de 2012

Extinción de Thomas Bernhard (III): Goethe y otras preocupaciones.

Sobre Goethe.
No sale muy bien parado el "príncipe" de las letras germanas en Extinción de Bernhard. Recordemos algún pasaje del narrador Murau.
p. 429: Tenga cuidado, Gambetti, le dije a éste, guárdese de Goethe, levanta el estómago a todo el mundo, le dije, salvo a los alemanes, ellos creen que Goethe es una de las maravillas del mundo. Y, sin embargo, esa maravilla del mundo no es más que un pequeño hortelano filosófico y burgués.
En resumen, le dije a Gambetti, la obra goethiana es un huertecillo filosófico burgués. 
¡Huertecillo!
Goethe no ha alcanzado lo más alto en novela, le dije, en todo ha sido sólo la media. 
Bueno, Las afinidades electivas está bien, ¡le gustaba hasta a un personaje de una novela de Thomas Bernhard -¿Corrección?-! ¡Se la leía a sus hermanas! Bueno, al final no se la leía, hacía el intento, al final le leía un mapa de carreteras o algo así -pensaba que Las afinidades era demasiado elevado para ellas-.
"No es el mayor poeta lírico, no es el mayor prosista, le dije a G., y sus obras teatrales son, comparadas con las de Shakespeare, como un enorme perro pastor de los Alpes frente a un raquítico perro salchicha de las afueras de Frankfurt. "
Reflexionemos sobre esta comparación: Goethe comparado con Shakespeare es como un perro pastor frente a perro salchicha, entonces ¿Goethe es el pastor y Shakespeare el salchicha?
"El Fausto, le había dicho a Gambetti, ¡qué megalomanía! El intento totalmente fracasado de un megalómano escritor, le había dicho a Gambetti, a quien se le subió a la cabeza francfortense el mundo entero."
¡Megalomanía! ¿No es acaso la condición necesaria de todo genio el ser megalómano?¡Bernhard también!
En otra novela ya Bernhard -puede que La calera, no estoy seguro- había mostrado su predilección por el Goethe de Las afinidades electivas frente al Goethe de Fausto, así como por el Flaubert de Bouvard y Pecuchet frente al Flaubert más popular de Madame Bovary.
En esta ocasión parece renegar de cualquier faceta del genio de Weimar. 
Inciso: Walser y su Goethe.
Recientemente leí Un hombre enamorado, de Martin Walser, un autor del grupo del 47, grupo al que pertenecen también gente como Günter Grass o Ingeborg Bachmann. En ella se nos presenta a un septuagenario Goethe enamorado como un adolescente de una joven aristócrata. La figura del maestro queda caricaturizada, sus poemas de amor resultan de lo más cursi e ingenuo, su deambular alrededor de su obsesión renacida es patética. A lo largo del libro se hace mención a la defensa que continúa haciendo Goethe de su teoría del color, una teoría que ha sufrido duras críticas por parte de los expertos en arte. Ni siquiera la genialidad del gran autor le será suficiente para seducir a la joven. El libro, salvo algún lance ingenioso poco más da de sí. Las inquietudes creativas de Walser distan mucho de las de Bernhard y de las de Goethe por supuesto.
En otro momento de Extinción leemos:
p 220. Venimos de Roma desde semejante infierno provinciano e infame (Wolfsegg) y hablamos con todo el mundo de Schopenhauer y Goethe, y no nos avergonzamos. Es un impulso totalmente perverso el que seguimos. Realmente estoy deshaciendo y desintegrando a Wolfsegg y los míos, aniquilándolos y extinguiéndolos, y al hacerlo me deshago y me desintegro,me aniquilo y extingo. Verdad es que, le había dicho a Gambetti,.
Resulta un fastidio increíble llegar a Roma y hablar de Goethe ¡con todo el mundo! ¡desvergonzadamente!
Para Murau Goethe no es el mejor en nada –aunque cultiva varios campos, y esto no es reconocible siquiera por Murau-: “Hölderlin es el gran poeta lírico, le había dicho a Gambetti, Musil el gran prosista, y Kleist el gran autor dramático, Goethe no es ninguno de los tres”.
Pero es polifacético -y un genio-. Por cierto, se le olvida a Murau mencionar su lado artístico -y el viajero-.
Inseguridad del pensamiento.
p 118. “Decimos algo y lo vemos muy claro, y al instante siguiente no sabemos ya lo que acabamos de decir, le había dicho a Gambetti, acabo de decir algo sobre Montaigne, pero ahora, dos o tres segundos más tarde, no sé ya lo que acabo de decir real y verdaderamente sobre Montaigne.”
El tono paradójico del pensamiento es un recurso muy utilizado por Bernhard, de forma que la indecisión, la indefinición de lo ya dicho, la no reflexión o la no concordancia del momento con lo expresado, o la incertidumbre acerca de lo expresado está expuesto en una confesión que bien podría estar incluida en la propia divagación, es decir, no estar seguro de lo dicho sobre Montaigne, una sensación extensible a esta inseguridad de forma que se puede igualmente no estar seguro de no estar seguro de lo dicho sobre Montaigne –abriendo una puerta (desesperada) a la seguridad de lo ya dicho sobre Montaigne.
También podía haber optado por otra salida, ¡no decir nada sobre Montaigne!
Concepto de Extinción.
Dos interpretaciones claras y antitéticas sobre el significado del título Extinción:
1. La Extinción de Wolfsegg –a través de la novela planeada sobre Wolfsegg donde Murau pretende escribir todo sobre Wolfsegg, y así aniquilar Wolfsegg -un proyecto ya iniciado por su tío George-.
2. la Extinción del propio narrador, a modo de expiación, a través de esa novela que supondrá finalmente la autoextinción de Murau.
Pero creo que lo mejor será preguntarle al propio Murau, (p.403), a quien pude localizar en su residencia habitual:
Apéndice. Entrevista con el protagonista:
¿Tiene usted algo en mente actualmente?
Otra vez tengo algo en la cabeza.
Espero que no sea dolor..., ejem, nada, ¿Cómo se llamará ese algo?
Extinción se llamará probablemente.
Me lo temía...¿Cuál es el propósito de esa Extinción?
Con ello trataré de extinguir todo que se me ocurra, todo lo que escriba en esa Extinción quedará extinguido, me dije.
¿Cómo se le ocurrió ese título? Es ciertamente original.
Me gustaba ese título, de ese título se desprendía para mí una gran fascinación. Cómo se me ocurrió, no lo sé ya. Creo que es de Maria, que al fin y al cabo me llamó también una vez extintor. Que soy un extintor, afirmó. Y que lo que llevo al papel es lo extinguido.
¿Dónde piensa escribir esa novela, aquí en Wolfsegg o volverá a Roma?
En Roma intentaré escribir esa Extinción, pero me exigirá un año y no sé si tendré fuerzas para mantenerme dispuesto un año solo para esa Extinción.
Seguro que sí, gracias por su tiempo
Espere, no he acabado, quería decir que “escribiré esa Extinción y, una y otra vez, discutiré con Gambetti lo que se refiera a esa Extinción…"
 Sí, gracias, ya es suficiente…
….digo ¡que discutiré con Gambetti lo que se refiera a esa Extinción!, y con Spadolini y Zacchi y naturalmente con Maria, sin que sepan que tengo esa Extinción en la cabeza
Incluso una tercera idea sobre el origen de esa Extinción.
3. La Extinción de Wolfsegg a causa del accidente de tráfico donde los padres y el hermano de Murau encontrarán fatídicamente la muerte –hecho que convertirá a Murau en el heredero legal de Wolfsegg –de forma que Murau podrá así planificar la extinción de Wolfsegg de forma física y no sólo prosaica.
p. 302.
Cada periódico creía que tenía que superar ampliamente a los otros en su abyección. Extinción de una familia, y debajo, Tres aficionados a los concierto, mutilados hasta quedar irreconocibles, decía uno de los titulares.
La antiautobiografía.
Así como la autobiografía que estaba escribiendo el tío George y que guardaba en su pupitre de su residencia al sur de Francia y que fuera -sospecha Murau- eliminada por su madre -consciente de que supondría la Extinción de Wolfsegg- era en realidad una antiautobiografía la autobiografía de Murau -esta novela quizás- es en realidad también una antiautobiografía que pretende igualmente extinguir Wolfsegg.
Qué significado conllevaba el concepto de antiautobiografía era algo que yo me planteaba muy a menudo. Así pensé que era:
- Una autobiografía que eliminaba al autor pues refería su entorno y su relación con las personas del mismo -nunca centrada en el personaje en sí-;
- Una autobiografía que conducía a la extinción de algo o alguien -Wolfsegg y sus habitantes en este caso-;
- Una autobiografía que en realidad provocaba la extinción del autor por el consabido "efecto rebote";
- Una autobiografía tan mal escrita que sólo podía catalogarse de antiautobiografía.
En fin, les dejo con estos pensamientos.

miércoles, 11 de enero de 2012

Extinción de Bernhard (2): 6 notas y un resumen sobre el fracaso hegeliano, las artes modernas y lo incomprensible en lo filosófico.


Estaba yo ahí releyendo Extinción de Thomas Bernhard y me dije, qué cosas se le ocurrían a este Bernhard.
Nota 1: Thomas Bernhard. Extinción. Sobre el fracaso.
Inmediatamente después pensé que lo que acababa de pensar era, sin embargo, un absurdo completo o, por lo menos, una extravagancia que no conducía a nada, un fracaso del pensamiento.”
Me dije: absurdo, extravagancia, fracaso, tres conceptos similares y no excluyentes. Tres conceptos maravillosos en su relación con la extinción.
El destino de todo pensamiento:
Para llevar a cabo ese pensamiento de que los de Wolfsegg son los de su tiempo y no las gentes del mundo restante, pensé, hubiera necesitado a Zacchi, o a Gambetti, hubiera sido igual, solo, he fracasado en ese pensamiento como en tantos pensamientos pensados por mí, he sido víctima de un sofisma, de una impertinencia del pensamiento, según pensé. Pero tenemos que considerar siempre la posibilidad de fracasar, de otro modo terminamos abruptamente en la inactividad, pensé, lo mismo que, fuera de nuestra cabeza, no tenemos que actuar contra nada con mayor decisión que contra nuestra inactividad, también dentro de nuestra cabeza tenemos que actuar de la misma forma contra la inactividad, más o menos con la brutalidad que nos corresponde. Tenemos que permitirnos pensar, atrevernos incluso a riesgo de fracasar pronto, porque nos resulte súbitamente imposible. A ordenar nuestros pensamientos, porque, cuando pensamos tenemos que considerar siempre todos los pensamientos que hay, que son posibles, fracasamos siempre como es natural, al fin y al cabo, siempre hemos fracasado en el fondo, y todos los otros también, se hayan llamado como se hayan llamado, ya pueden haber sido los mayores intelectos, de repente, en algún punto, fracasan y su sistema se derrumba como prueban sus escritos, que admiramos porque son los que más han avanzado en el fracaso. Pensar significa fracasar, pensé. Actuar significa fracasar.
Pero naturalmente no actuamos para fracasar, lo mismo que no pensamos para fracasar, pensé.
Nietzsche es un buen ejemplo de un pensamiento que ha llegado tan lejos en el fracaso que sólo puede calificarse de demencial, le dije una vez a Zacchi, pensé.”
Recordé que Bernhard era muy aficionado a Hegel, así que pensé que esta idea del fracaso inevitable quizás proviniera de Hegel.
Nota 2. Diccionario de las Artes. Azúa.
Recurrí al Diccionario de las Artes, de Félix de Azúa. Así en la palabra “Sublime” me topé con Hegel:
“…recordemos que unos años después de la muerte de Kant (lo sublime es un concepto fundamental de la filosofía kantiana) dictaría Hegel sus lecciones de filosofía de arte, en las que derribaría de su pedestal romántico a la categoría de lo sublime, sustituyéndola por la de “lo significativo”. En rudo contraste, “lo bello”, para Hegel, quedaba adscrito a un pasado absoluto y casi pre-humano (o posdivino) cuya perpetua presencia bajo la forma del culto a Grecia iba a tener consecuencias imprevisibles.
Deseo subrayar que Hegel hizo de lo bello algo sublime. Al introducir como medida artística “lo significativo” (hasta entonces reservado a la filosofía y la ciencia), de inmediato “lo bello” ascendió un grado en la escala de los valores artísticos. Y eso es lo sublime: el ascenso.”
Me preguntaba si Hegel no habría fracasado en esta idea de equiparar lo bello con lo significativo, o de sustituirlo, o de aniquilarlo, por emplear un término bernhardiano. Pensé que el desarrollo de estas citas, su concatenación, en resumidas cuentas, al final y en fin de cuentas –expresión según el traductor de Bernhard, Sáez, según Bernhard-, era torpe e incoherente, era, en realidad, un fracaso. Esto me alentó en el intentó de completar este comentario sobre Extinción de Thomas Bernhard.
Nota 3. Thomas Bernhard. Extinción. Los avances filosóficos de Murau.
La relación de Bernhard con los filósofos es muy íntima. A veces, a ratos, la narrativa de Bernhard me parecía eminentemente filosófica, quise deducir el porqué de esta impresión, el hecho de que los pensamientos del narrador siempre efectuaran un recorrido anabólico me daba alguna pista, si bien no la fundamental y decisiva.
El propio Murau en Extinción se refería a una serie de pensamientos filosóficos y de su particular origen  de forma estimable:
“…el hecho de pasar una noche completa de insomnio había sido favorable, incluso ideal, le dije a Gambetti, tenemos que estar agradecidos por cada noche de insomnio de nuestra vida, Gambetti, le había dicho a éste, porque en cualquier caso nos hace avanzar filosóficamente.”
Pero qué era avanzar filosóficamente. ¿Cualquier pensamiento nos hacía avanzar filosóficamente?, me preguntaba insomne en medio de la noche, releyendo Extinción de Bernhard.
Yo le dije, tienes que acercarte con cautela a lo filosófico, pero él no paraba, martilleaba una y otra vez la misma idea:
Nos acercamos a lo filosófico con cautela, le había dicho a Gambetti, y fracasamos, con la mayor precaución posible, y fracasamos. Incluso si nos aproximamos sin ningún miedo y desnudándonos de la forma más radical fracasamos. Como si no tuviéramos absolutamente ningún derecho a lo filosófico, le había dicho a Gambetti.”
Me preguntaba si habría tenido alguna dificultad con Nietzsche:
“… siempre había tenido yo las mayores dificultades con Nietzsche, y tampoco ese día había conseguido expresar nada oportuno sobre Nietzsche, mire Gambetti, le había dicho, me he ocupado durante decenios de Nietzsche pero no he avanzado, Nietzsche me ha fascinado siempre, pero al mismo tiempo nunca he comprendido de él casi nada. Si soy sincero me pasa lo mismo con todos los demás filósofos, le había dicho a Gambetti, con Schopenhauer, con Pascal, por no citar más que a esos dos además de Nietzsche, todos siempre difíciles par mí durante toda mi vida, que nunca he conseguido descifrar ni siquiera en sus comienzos y que han sido siempre chinos para mí, cuando me he sentido siempre atraído y entusiasmado con ellos en el más alto grado.”
Nota 4. Alberto Savinio. Nueva Enciclopedia.
Me dije, voy a ver qué decía Savinio en su Nueva Enciclopedia sobre Nietzsche
Porque Nietzsche es lírico. No es nada más que lírico. Y no es “nada más” que lírico, es decir, está alejado de todo fin práctico. Digamos la palabra justa: es “gratuito”. Por lo cual su pensamiento, sus palabras, se aceptan gratuitamente, como simples iluminaciones líricas. No cabe jamás preguntarse, ante un pensamiento de Nietzsche “¿Qué quiere decir?”, y menos aún entenderlo o interpretarlo en el mismo sentido literal y transferirlo al terreno en el que las cosas “tienen un fin”, y se hacen “con vistas a un fin”.
¿Sería esa lírica gratuita lo que obstaculizaba a Bernhard en su comprensión de Nietzsche?, me pregunté entre tinieblas y acordes de Mozart, en la medianoche.
Continuaba Alberto Savinio, el hermano mayor de De Chirico: “Ante un cuadro que no muestra aspectos realistas, el hombre sin educación intelectual pregunta “¿Y qué quiere decir?”. El hombre sin educación intelectual asocia el valor con el objetivo” (es finalista).
¡El hombre sin educación intelectual! , ¡El hombre sin educación intelectual! me repetía una y otra vez, luego me dije, el hombre con educación intelectual puede justificarlo todo, las pinturas negras de Frank Stella, los campos color de Rothko, el dripping de Pollock,…, el educado intelectual tiene muchas ventajas sobre el no-educado intelectual, y esas ventajas son a su vez sus desventajas, me puse filosófico, ése que no comprende a Nietzsche es el único que entiende a Nietzsche, ése que comprende a Mondrian es el único que no entiende a Mondrian, ése que cree tener educación intelectual es el único que se preocupa por el concepto “educación intelectual”, me dije, apesadumbrado.
Nota 5. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.
Me fui al Más allá del bien y del mal de Nietzsche. Me dije, veré si entiendo algo. Estuve hojeando un rato y encontré algo interesante, maravilloso, que no comprendí, por supuesto:
“¡Qué malvados pueden llegar a ser los filósofos! No conozco nada más venenoso que la broma que Epicuro se permitió contra Platón y los platónicos cuando los llamó dionysiokolakes. Literalmente y en un primer sentido, este término significa “aduladores de Dionisio”, esto es, esbirros del tirano, serviles cortesanos, pero además, quiere decir que: “todos eran comediantes”, que no había en ellos nada verdadero (pues dionysokolax era el calificativo popular que se aplicaba al comediante).”
La broma de Epicuro, pero qué bromista era Epicuro, nada más recordar la broma de Epicuro a los platónicos es que me parto de la risa.
De repente Nietzsche ve la luz en uno de esos momentos filosóficos impagables:
“Poco a poco he ido descubriendo que hasta hoy toda gran filosofía ha sido la confesión personal de su autor (aunque no lo haya pretendido ni haya tenido conciencia de ello) algo así como sus “memorias”.
He observado igualmente, que al verdadero germen vital del que ha brotado siempre la planta entera no ha sido otro que las intenciones morales (ó inmorales).”
Y yo me pregunto, todo el que escribe memorias, ¿es filósofo?
Como no tenía muy claro todavía el tema del fracaso, la educación intelectual (¿sólo el educado intelectual podía fracasar en el entendimiento de los filósofos e incluso del arte?, me preguntaba angustiado), continué mi incesante y anárquica búsqueda.
Nota 6. Arnold hauser. Volumen 5 de Sociología del arte: ¿estamos ante el fin del arte?
Por allí aparecía tímidamente Hegel.
“la aparición del antihéroe denota únicamente una carencia de lo heroico, sino también la conversión de la afirmación en la negación del héroe. En la dialéctica vinculada a este proceso se manifiesta del modo más claro la conciencia hegeliana “desgraciada”, desunida consigo misma, anónima, esto es, la conciencia que corresponde a la situación en que se encuentra el hombre a causa de la mecanización de sus actividades y de su aislamiento en medio de la sociedad industrial de masas.”
En esos momentos me acordaba del antihéroe del cine noir francés de los 50 y 60, del Belmondo de Godard, por ejemplo, intentaba encontrar una relación entre ambas identidades, la del antihéroe hegeliano y la del antihéroe godardiano, ¿eran el mismo?

Resumen y anticonclusiones:
Los avances filosóficos de Murau en Extinción eran producidos gracias al insomnio. Sin embargo Mauer no concebía avanzar en su comprensión de Nietzsche, por mucho que su fascinación por su obra fuera enorme, es decir, Bernhard fracasaba en su comprensión de Nietzsche. Como quiera que el arte moderno estaba destinado al fracaso en su comprensión, Savinio sale a nuestro rescate y dictamina que todo es un problema de educación intelectual. Como sigo sin tener muy claro qué es la filosofía ni cuál es el propósito del arte moderno cito a Nietzsche y me revela que la filosofía no es más que la comprensión de la propia existencia, o al menos la narración de dicha existencia. Como esta actividad necesita de la elaboración de pensamientos repesco las citas de Murau en Extinción y llego a la conclusión de que cualquier pensamiento está destinado al fracaso, con lo que concluyo que los llamados avances filosóficos nocturnos insomnes de Murau terminan en el fracaso, lo que me conduce a la conclusión definitiva de que la filosofía es un fracaso. ¿Y el arte moderno? Leía estos días el libro de Jon Thompson sobre Cómo aprender a leer la pintura moderno y estaba yo tan enfrascado en sus explicaciones técnicas que sólo un entendido intelectual podía seguir que llegué a la terrorífica conclusión de que aquellos textos de Thompson eran pura filosofía, puro pensamiento fracasado: Terminé de redactar el comentario y quedé contento del caos en el que había sumido al lector, del fracaso absoluto de mis intenciones de comprensión de Extinción, del arte moderno y de la filosofía, y de lo grotesco y ridículo de mi propuesta. 

viernes, 6 de enero de 2012

Extinción, de Thomas Bernhard: una recomendación a Gambetti.

En 1986 Thomas Bernhard escribió la que sería su última novela, su gran obra maestra "Extinción. Un desmoronamiento (Auslöschung. Ein Zerfall)" Traducción de Miguel Sáenz-.
En esta ocasión Bernhard reúne dos conceptos pesimistas en el título de su libro. El principal, una extinción que representa lo que para Wolfsegg supondrá el relato que el protagonista del libro y narrador, Franz Josef Murau, planea escribir próximamente, y el subtítulo, el desmoronamiento que Wolfsegg sufre tras el trágico accidente de tres de sus familiares (quizás también el desmoronamiento -analítico y psicológico- del propio narrador).
El libro se abre con una cita de uno de los filósofos admirados por Bernhard: Montaigne.
"Siento la muerte que me aprieta sin pausa la garganta o los riñones. Pero yo estoy hecho de otro modo: para mí es una por todas partes."

El narrador lleva 15 años exiliado en Roma -huyendo de Wolfsegg, su casa natal, en Austria-. Allí imparte clases a Gambetti -muy avanzado el libro descubrimos que le da clases de alemán-. A veces el narrador no sabe si el maestro es él con respecto a Gambetti o el propio Gambetti con respecto al narrador. Tanto aprende uno del otro como el otro del uno. Sin embargo es el narrador el maestro oficial y Gambetti el alumno oficial, quien paga las clases religiosamente, en contra del parecer de su propia familia -evidente-.
Uno se pregunta qué clase de alemán le enseña el narrador a Gambetti para que en 15 años aún persistan estas clases -de algún modo clases filosóficas-. Uno piensa: o Gambetti es muy torpe o el narrador se las ingenia para que esa fuente de ingresos no expire nunca.
Primera parte: El telegrama.
Es en ese telegrama donde se describe la tragedia que ha sacudido Wolfsegg, dos días después de la llegada a Roma desde Wolfsegg del narrador -con la idea de no volver en mucho tiempo a Wolfsegg-, con  motivo de la boda de una de sus hermanas -odiadas las dos por igual-.
La recomendación a Gambetti.
Murau recomienda a Gambetti, su alumno predilecto, su único alumno, en Roma, en su piso de la Piazza Minerva, una serie de libros. Estos son:
1. Siebenkäs, de Jean Paul;
2. El proceso,de Kafka;
3. Amras, de Thomas Bernhard;
4. La portuguesa, de Musil;
5. Esch o la anarquía, de Hermann Broch.
Más adelante conoceremos una terrible anécdota del narrador en su infancia relacionada con el Siebenkäs de Jean Paul -un autor relacionado estilística y cronológicamente con Stifter-.
Me sorprende que recomiende El proceso en lugar de El castillo, quizás una obra más acorde con la naturaleza de la obra bernhardiana -en cuanto a su relación amor/odio con mansiones mortales y referenciales-.
Resulta igualmente interesante que sea Amras -un relato corto de la primera época narrativa de Bernhard- la obra escogida de este autor. Quizás tenga que ver con la idea de una aspiración del propio Bernhard de ver su obra catapultada hacia la inmortalidad, para lo cual escoge un libro lejano en el tiempo -no su mejor libro, desde luego, pero sí bastante característico de su prosa más radical-.
Desconocida por mi es La portuguesa de Musil. Siendo El hombre sin atributos uno de mis libros de cabecera no puede sino llamarme la atención la mención de este relato por parte de Bernhard-Murau.
De la trilogía de los sonámbulos de Broch conozco Pasenow o el romanticismo, obra sublime, de una aparente superficialidad pero en la que residen sin embargo ideas fundamentales sobre lo existencial, el amor, y la planificación vital. El porqué Bernhard escoge ese volumen precisamente y no Huguenau o el realismo o el citado Pasenow no puedo dilucidarlo de ninguna forma, al no haber leído siquiera la trilogía completa. Al menos no le dio a leer La muerte de Virgilio, lo que hubiera supuesto la extinción del propio Gambetti.
En un momento dado el narrador se pregunta si no debía haber recomendado a Gambetti Effie Briest de Fontane, lo que me hace consultar información sobre este clásico de la literatura alemana, cuyo título más conocido ha sido comparado con Madame Bovary  o Anna Karenina.
De todas formas este quinteto de obras nos abre un nuevo camino en la admiración bernhardiana por la literatura germana. Hasta ese momento sin duda habían sido Novalis, Stifter, Hegel, Wittgenstein (desde luego, por su relación de amistad con el sobrino, por otro lado), Goethe y sus Las afinidades electivas, por ejemplo o también con Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, los autores que habían aparecido en sus textos como modélicos de alguna forma. Estoy casi seguro de la no mención de Jean Paul ni de Kafka en sus novelas anteriores. Puede que Musil y Broch sí hayan sido nombrado en algún momento, aunque no obsesivamente como sí Novalis (también presente en Extinción, no podía faltar).
Y por supuesto ¡nunca antes Bernhard se había referenciado a sí mismo! -salvo en Mis premios, claro está-.



Extinction, by Thomas Bernhard: a recommendation for Gambetti.

In 1986, Thomas Bernhard wrote his last novel and definitive masterwork, “Extinction. A decline (Auslöschung. Ein Zerfall)".
This time, Bernhard gathered both pessimistic concepts in his book’s title. On the one hand, an extinction symbolizing for Wolfsegg what it would be the next tale which the main character and narrator, Franz Joseph Murau, is planning to write. On the other hand, the subtitle, the decline suffered by Wolfsegg after the tragic accident of three inhabitants, perhaps concerning the own narrator’s breakdown – analytical and psychological -  too.
The book begins quoting Montaigne, who is one of the most influencing philosophers on Bernhard:
“I feel the death that crushes my throat or my back without a rest. But I’m made of sterner stuff, and she’s the same everywhere”.
The narrator has taken 15 years in his Roma’s exile – running away from Wolfsegg, his birthplace, in Austria-. There, he is teaching Gambetti –discovering late that gives him German lessons-. Sometimes, the narrator seems not to know if he is the Gambetti’s teacher or the Gambetti’s pupil. As one learns from the other as the other from one. However, the narrator is formally the teacher, and Gambetti his formally pupil, who faithfully pays the class, against the opinion of his own family –obviously-.
We wonder what kind of German class is being given to Gambetti since 15 years – somehow it must be a philosophy class-. So, we think: maybe Gambetti could be a dummy, or the narrator manages to turn into endless his source of income.
First part: the telegram.
It’s the telegram in which the tragedy that has shaken Wolfsegg is described, two days after the narrator’s arrival to Roma from Wolfsegg – with the purpose not to return for a time on mind-, on the occasion of his sister’s marriage –both sisters are equally hated.
A recommendation for Gambetti.
Murau suggests to Gambetti, his favourite student, his only student, in Roma, in his flat of Piazza Minerva, some books. They are:
1. Siebenkäs, by Jean Paul;
2. The Trial, by Kafka;
3. Amras, by Thomas Bernhard;
4. The Portuguese Woman, by Musil;
5. Esch or the Anarchist, by Hermann Broch.
Later, we will know an awful anecdote about the childhood of the narrator, connected with the Siebenkäs by Jean Paul –author stylist and chronologically related with Stifter-.
I’m surprised that he suggests The Trial and not The Castle, perhaps a most according work with the nature of the Bernhardian opus –about his love/hate relationship with deadly and referential mansions.
It’s also  interesting that Amras – a short story from the earliest Bernhard- has been chosen like the work from this author. Perhaps it relates with the Bernhard’s ambition to place his work in the immortality, so he chooses a distant time book – it’s not his best one, of course, but is enough characteristically from his most radical writing-.
The Portuguese Woman by Musil, is unknown for me; being The Man without Qualities one of my bedside books, it only could attract my attention the citation of this story on the part of Bernhard-Murau.
I know Pasenow or the Romantic, from Broch Sleepwalkers’ Trilogy, sublime work, what could seem like superficial, but seminal concepts like existence, love, or life, are actually involved. I can’t explain why Bernhard particularly chooses this, instead of Huguenau or the Realist, or the same Pasenow, because I haven’t read the whole trilogy. At least, he didn’t suggest The Death of Virgil, which it would have meant the extinction of Gambetti himself.
At a given moment, the narrator asks himself if he would have had to recommend to Gambetti Effi Briest by Fontane, what forced me to look up about this German Literature classic work, which has been compared with Madame Bovary and Anna Karenina.
Anyway, this quintet breaks new ground over the bernhardian passion by German literature. Until now, Novalis, Stifter, Hegel, Wittgenstein (due to his friendship with her nephew, of course), Goethe and his Elective Affinities or Wilhem Meister’s Apprenticeship had been the authors being somehow considered as canonical. I’m hardly sure he didn’t name Jean Paul or Kafka in his former works. Perhaps Musil and Broch might be mentioned at any moment, but not obsessively as Novalis (here in Extinction too).
And, of course, Bernhard had never referenced himself before! – if we except My Awards, obviously-.

Translation by: AG