La broma infinita es la gran novela de David Foster Wallace, la que se considera su obra maestra, la que se incluye en la lista de las mejores novelas norteamericanas del siglo XX, la novela por la que fue preguntado en cada entrevista, su novela más extensa -bueno, la suya y la de casi cualquier otro- (1071 páginas, si no me falla la memoria -en realidad me fallaba, eran 1079-)-. Alguien -Stephen Burn, el mismo que recopilara las entrevistas para las Conversaciones con David Foster Wallace- había escrito una guía sobre cómo leer La broma infinita, en serio. Hay una página de wikipedia en la que los lectores pueden dejar sus propias anotaciones, página por página. También hay una guía escena por escena (por ejemplo, en la escena 26, en el capítulo 10, de las páginas 79 a 85: "Gerhard Schitt y Mario hablan sobre la teoría del juego"). Existe una página en castellano, Verano infinito (2012), creada por unos aventureros que intentan superar, por sexta vez, la página 300 -ahí se puede leer el texto escrito por los profesores -o lo que sean- Matt Bucher, Nick Maniatis y Kathleen Fitzpatrick (si tuviera que inventar los nombres de unos analistas de La broma infinita no se me hubieran ocurrido unos mejores, ¿a que son unos nombres maravillosos?) titulado Cómo leer La broma infinita y que consiste en un compendio de recomendaciones -algunas tan originales como "confía en el autor" o "persevera hasta la página 200", otras tan evidentes como "lee las notas" -David Foster Wallace no es David Foster Wallace sin las notas, todo el mundo lo sabe-, ridículas como toma notas y utiliza post-it, y sorprendentes como "maltrata tu ejemplar",.., además, sabemos que algo pasa con la página 223, creo que está maldita o algo- aparecidas en la página web original Infinite summer, de la que parece haberse derivado Verano infinito -desde donde también podemos acceder a una interesante entrevista al editor de Wallace, Michael Pietsch, que desvela algunas contestaciones del escritor a ciertas correcciones de Pietsch y que no tienen desperdicio ("p. 52 – Esta es una de mis frases Swiftianas favoritas de todo el manuscrito. Y voy a eliminarla, canalla")-. Pienso -en un momento de lucidez inusual- que va a ser menos traumático leer directamente La broma infinita que todas las guías, textos, consejos, notas, blogs, webs,..., que pretenden facilitar la lectura de La broma infinita. A lo mejor esa es la intención de sus autores -o bien suplantar definitivamente a David Foster Wallace-, es decir, desalentar al lector potencial de La broma infinita, que, ante tanto consejo y prolegómeno y sugerencia, decide, bien abandonarse a la lectura del libro, bien olvidarse de su existencia, cualquier cosa antes que enfrentarse a todas esas guías. Por mi parte tengo que decir que Wallace es uno de mis escritores favoritos, que yo tampoco he podido leer La broma infinita, que no pasé de las primeras cien páginas, y que lo voy a intentar de nuevo, que no sé cuándo pero que lo voy a intentar, y que no voy a parar hasta que lo consiga, de verdad.
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viernes, 24 de abril de 2015
David Foster Wallace en The affair
La broma infinita es la gran novela de David Foster Wallace, la que se considera su obra maestra, la que se incluye en la lista de las mejores novelas norteamericanas del siglo XX, la novela por la que fue preguntado en cada entrevista, su novela más extensa -bueno, la suya y la de casi cualquier otro- (1071 páginas, si no me falla la memoria -en realidad me fallaba, eran 1079-)-. Alguien -Stephen Burn, el mismo que recopilara las entrevistas para las Conversaciones con David Foster Wallace- había escrito una guía sobre cómo leer La broma infinita, en serio. Hay una página de wikipedia en la que los lectores pueden dejar sus propias anotaciones, página por página. También hay una guía escena por escena (por ejemplo, en la escena 26, en el capítulo 10, de las páginas 79 a 85: "Gerhard Schitt y Mario hablan sobre la teoría del juego"). Existe una página en castellano, Verano infinito (2012), creada por unos aventureros que intentan superar, por sexta vez, la página 300 -ahí se puede leer el texto escrito por los profesores -o lo que sean- Matt Bucher, Nick Maniatis y Kathleen Fitzpatrick (si tuviera que inventar los nombres de unos analistas de La broma infinita no se me hubieran ocurrido unos mejores, ¿a que son unos nombres maravillosos?) titulado Cómo leer La broma infinita y que consiste en un compendio de recomendaciones -algunas tan originales como "confía en el autor" o "persevera hasta la página 200", otras tan evidentes como "lee las notas" -David Foster Wallace no es David Foster Wallace sin las notas, todo el mundo lo sabe-, ridículas como toma notas y utiliza post-it, y sorprendentes como "maltrata tu ejemplar",.., además, sabemos que algo pasa con la página 223, creo que está maldita o algo- aparecidas en la página web original Infinite summer, de la que parece haberse derivado Verano infinito -desde donde también podemos acceder a una interesante entrevista al editor de Wallace, Michael Pietsch, que desvela algunas contestaciones del escritor a ciertas correcciones de Pietsch y que no tienen desperdicio ("p. 52 – Esta es una de mis frases Swiftianas favoritas de todo el manuscrito. Y voy a eliminarla, canalla")-. Pienso -en un momento de lucidez inusual- que va a ser menos traumático leer directamente La broma infinita que todas las guías, textos, consejos, notas, blogs, webs,..., que pretenden facilitar la lectura de La broma infinita. A lo mejor esa es la intención de sus autores -o bien suplantar definitivamente a David Foster Wallace-, es decir, desalentar al lector potencial de La broma infinita, que, ante tanto consejo y prolegómeno y sugerencia, decide, bien abandonarse a la lectura del libro, bien olvidarse de su existencia, cualquier cosa antes que enfrentarse a todas esas guías. Por mi parte tengo que decir que Wallace es uno de mis escritores favoritos, que yo tampoco he podido leer La broma infinita, que no pasé de las primeras cien páginas, y que lo voy a intentar de nuevo, que no sé cuándo pero que lo voy a intentar, y que no voy a parar hasta que lo consiga, de verdad.
viernes, 8 de marzo de 2013
Desesperación.
Llego a mi casa del trabajo. Percibo un indeterminado estado de desesperación. Me pregunto qué es exactamente la desesperación y cómo puedo superarla.
David Foster Wallace en "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer":
"La palabra se ha banalizado ahora por el exceso de uso, desesperar, pero es una palabra seria, y la estoy usando en serio. Para mí denota una adición simple: un extraño deseo de muerte combinado con una sensación apabullante de mi propia pequeñez y futilidad que se presenta como miedo a la muerte. Tal vez se parezca a lo que la gente llama terror o angustia. Pero no acaba de ser como esas cosas. Se parece más querer morirse a fin de evitar la sensación insoportable de darse cuenta de que uno es pequeño, débil y egoísta y de que, sin ninguna duda posible, se va a morir. Es querer tirarse por la borda."
Según el diccionario de la RAE. Desesperar. 1. Desesperanzar.
Conversaciones con Trastorno, de Thomas Bernhard.
"El dejarse ofuscar por los sentimientos, el no hacer nada contra el oscurecimiento -normalmente continuo- del espíritu llevaba a los hombres la desesperación."
Cuando uno se instala en la desesperación no le apetece luchar contra el oscurecimiento, de hecho se refugia en el oscurecimiento.
"Donde la razón manda la desesperación es imposible."
"Donde la razón manda la desesperación es imposible."
El problema de la razón es que siempre quiere llevar la razón.
"Cuando caigo en ese estado de total incomprensión, todo es desesperación en mí."
Es difícil comprender que exista un estado de total incomprensión (la incomprensión de la incomprensión).
Onetti en La vida breve:
"...si amaba y merecía diariamente mi tristeza, con deseo, con hambre, rellenándome con ella los ojos y cada vocal que pronunciara, entonces, estaba seguro, quedaría a salvo de la rebeldía y la desesperanza".
Es peor el remedio que la enfermedad, me digo.
Epílogo.
Onetti en La vida breve:
"...si amaba y merecía diariamente mi tristeza, con deseo, con hambre, rellenándome con ella los ojos y cada vocal que pronunciara, entonces, estaba seguro, quedaría a salvo de la rebeldía y la desesperanza".
Es peor el remedio que la enfermedad, me digo.
Epílogo.
Escribo esto y me digo, ¡ridículo, grotesco!, ¿por qué tuve que escribirlo? Luego me digo que hubiera sido igualmente ridículo no escribirlo, voy a reescribirlo, me digo, pero percibo una ridícula afonía, una afonía que no es metáfora, que es limitante, aunque es una afonía incierta, quizá propia de la inmadurez -o a lo mejor es que simplemente me estoy resfriando.
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